Invita a elegir niveles de participación, desde observar hasta liderar. Reitera que está bien no compartir experiencias. Presenta el concepto de ventana de tolerancia con lenguaje cotidiano y ejemplos prácticos. Practica el check-in corporal y ofrece alternativas sensoriales menos intensas, como lana gruesa o papel texturado, evitando sobrecarga y honrando ritmos individuales con cuidado.
Identifica signos de saturación: respiración corta, rigidez en hombros, mirada huidiza. Acordad señales para pedir pausa sin interrumpir al grupo. Prevé rincones tranquilos con agua y objetos de arraigo. Modela descansos tú misma, sin culpa. Reinicia con ejercicios suaves de orientación, preguntando qué necesita el cuerpo antes de continuar el proceso creativo compartido.
Habrá momentos en que acompañar no alcanza. Define de antemano protocolos simples para derivar a redes de salud mental comunitaria, líneas de ayuda y profesionales aliados. Explica límites del rol de facilitación y documenta incidentes con respeto. Mantén contactos actualizados, acuerdos de confidencialidad y sesiones de cuidado para facilitadores que también necesitan sostén.